Samuel Hahnemann, el creador

Cristian Federico Samuel Hahnemann nació el 10 de abril de 1755 en Meissen, Alemania, y murió el 2 de julio de 1843 en la ciudad de París.

Sus padres le ponen por nombres Cristian por Cristo, Federico por el rey y Samuel, del hebreo, nombre de Dios.

Desde pequeño se destaca por sus inquietudes intelectuales y su gran facilidad con los idiomas. El conocimiento del griego, francés, italiano, inglés, español, latín, hebreo, árabe, y del alemán, su lengua natal, le será de gran utilidad a lo largo de su vida, empleándose como traductor cada vez que precisare realizar un paréntesis en su trabajo médico con el fin de profundizar en sus investigaciones y experiencias.

En 1977 ingresa a la Universidad de Leypzig, en la carrera de Medicina. Allí decide abordar el estudio de todas las escuelas médicas pasadas y presentes: “Leeré todos los autores, desde Hipócrates hasta los más recientes, y el diablo sea conmigo si no reúno en mi pensamiento la síntesis del saber y soy un gran médico que triunfa sobre la muerte”.

De Leypzig se traslada a Viena dónde recibe formación con el Dr. Quarin, galeno privado de la emperatriz María Teresa, en el Hospital de la Misericordia.

Luego oficia de médico personal, consultor y amigo del Barón de Bruckenthal, nuevo gobernador de Transilvania, quien comparte con Hahnemann sus lujos y riquezas. Esta vida relajada y opulenta dura apenas dos años: Hahnemann decide renunciar al cargo, trasladarse a Erlangen e ingresar a la Universidad para preparar su tesis de graduación, defendida de manera sobresaliente el 10 de agosto de 1779.

Las inquietudes de Hahnemann no terminan en la medicina: es un metódico estudioso de la química, la filosofía y la metalurgia, destacándose por sus conocimientos en farmacéutica.

Es en Dessau, dónde se hospedándose y trabajando en la Farmacia del Moro, de Herr Hasseler, comienza una etapa de eEStudio y experimentación. Hasseler le abre las puertas de su laboratorio. Los conocimientos adquiridos durante este período se materializan en “Lexicon de farmacéutico”, un tratado de cuatro tomos.

Asimismo entabla relación con la hijastra de Hasseler, Enriqueta Leopoldina, con quien se casa el 1 de diciembre de 1782. Hahnemann contaba con 27 años, Enriqueta con 17. La joven pareja se traslada a al aldea de Gommern, dónde Hahnemann es nombrado Oficial Médico y posteriormente a Dresde, dónde continúa su práctica clínica supervisado por el Dr. Wagner, del hospital de la ciudad.

Hahnemann comienza a decepcionarse de los métodos de la medicina oficial de su época.

Se siente entristecido por los escasos resultados de la terapéutica empleada, que contrasta con el buen pasar económico que obtenía a cambio. Así es como se ausenta frecuentemente de su consultorio, concentrándose en el laboratorio y en la fabricación de nuevos remedios.

Sus pacientes lo aguardan por horas. Cierto día, se dirige a la sala de espera, diciéndole a los enfermos que deseaban su atención: “!Márchense! Soy incapaz de curarlos; únicamente estoy robando el dinero de ustedes”.

También en Dresde la familia comienza a ampliarse: Enriqueta le da su tercer hijo.

En 1789 parten rumbo a Leypzig, dónde Hahnemann tiene la posibilidad de trabajar e investigar aprovechando la gran biblioteca de la Universidad.

Hahnemann se entusiasma con la Revolución Francesa.

Son años de escaso trabajo, realizados con la convicción de no contar con las herramientas necesarias para lograr la curación de sus pacientes.

Para mantener a su familia se emplea como traductor.

En su tiempo libre investiga y experimenta. Es en 1790, al realizar la traducción de la Materia Médica del Dr. Cullen, cuando descubre en el relato de los efectos nocivos de la intoxicación con quinina, utilizada en aquel entonces como tratamiento de la fiebre intermitente palúdica, la ley de similitud que serviría de base al nuevo método terapéutico que posteriormente crearía. El Dr. Cullen describe minuciosamente los síntoma producidos por la intoxicación con la corteza del árbol de la quina (también llamada cinchona por haber curado a la condesa de Cinchón, esposa del Virrey del Perú) siendo asombrosamente coincidentes con los síntomas del paludismo, enfermedad en la que se utilizaba como tratamiento.

Esta ley de semejanza, ya enunciada por Hipócrates, le da la clave para desarrollar un nuevo método terapéutico, decidiéndose a experimentar sobre sí mismo el efecto de las sustancias que posteriormente se transformarían en medicamentos homeopáticos. “Tomé durante varios días cuatro dracmas de buena “Cinchona”dos veces por día… Eran los síntomas que para mí eran de la fiebre intermitente . Suspendía la medicación y me sentía otra vez en buena salud”.

La publicación de los resultados de estas investigaciones se realiza en el año 1796 con la aparición d e “Ensayo sobre un nuevo principio para descubrir el poder curativo de las drogas”

La experimentación de sustancias sobre sí mismo y sobre voluntarios sanos, procesadas con un método de dilución extrema y sucusión (activación por agitación), con el cual se atenuaban sus efectos adversos, dando lugar a la aparición de las características dinámicas propias de cada sustancia, le dio a Hahnemann la posibilidad de desarrollar un método terapéutico que le reportaba curaciones sorprendentes en los pacientes que lo consultaban.

Hahnemann comienza a preparar él mismo los medicamentos que administraba.

Sus prácticas comienzan a recibir las críticas de la medicina oficial de la época. Son años de continuo peregrinar por diferentes ciudades de Alemania dónde el ejercicio de su profesión le reporta tanto satisfacción por las curaciones realizadas como ataques y persecuciones.

Cierta vez, el Duque de Sajonia – Gotha le ofrece su castillo para instalar un hospital homeopático. Los médicos le instalan un boicot. El número de pacientes comienza a decrecer. Sus detractores dicen: “En el hospital de Hahnemann no hay más que un enfermo, que es él”.

Su periplo por Hamburgo, Braunschweig, Wolfenbuttel, Koenigslutter; Erlemburg, Wittemberg y Dessau corresponde a esta época. Se traslada junto a su esposa y sus ahora once hijos, en una vida marcada por las penurias económicas. Recién encuentra tranquilidad y reconocimiento en la ciudad de Torgau, dónde publica un tratado de higiene llamado “El amigo de la salud” y, en 1810, el libro fundamental de la homeopatía: “El Organon del Arte de Curar”, ampliado y corregido en sus siguientes ediciones.

A partir de su publicación, la difusión de las ideas de Hahnemann se acrecienta. Comienza a dar conferencias en la Facultad de Leypzig a las que asisten gran cantidad de médicos y estudiantes. El interés se propaga con rapidez. Se funda el primer periódico homeopático.

A pesar de los buenos resultados de su práctica terapéutica, Hahnemann no está conforme.
La necesidad de profundizar en los mecanismos del proceso de curación lo llevan a continuar sus investigaciones por un prolongado período de once años, en los que se aleja nuevamente de la práctica médica. Son años en los que Hahnemann duerme día por medio y tanto él como su familia vuelven a ver dificultado el sustento económico.

La teoría de los miasmas es producto de la investigación de este período.

En 1830, cuando Hahnemann contaba con 76 años de edad, muere su esposa Enriqueta Leopoldina.

Cuatro años después, contrae segundas nupcias con una joven aristocrática parisina, Melanie D´ Hervilly, de 30 años, quien concurre a consultar al sabio de Messien, afectada por una tuberculosis sin esperanza de curación con la medicina de la época. En poco tiempo la paciente fue curada y se estableció entre ellos una relación la llevó a proponerle matrimonio a Hahnemann. El casamiento se consumó y ambos partieron a París, residiendo en la Rue de Milan nro. 1.

Allí el maestro consigue gran prestigio en su práctica médica y, paralelamente, críticas y cuestionamientos. En respuesta a una solicitud de la Asociación Médica Francesa, que peticionaba su expulsión, Monsieur Guizot, ministro del rey Luis Felipe, dictaminó en una ejemplar sentencia: “ Hahnemann es un sabio de gran mérito. La ciencia debe ser para todos. Si la Homeopatía es una quimera o un sistema sin valor propio, caerá por sí misma. Si es, por el contrario, un progreso, se extenderá a pesar e todas nuestras medidas preventivas, y la Academia debe desearlo antes que nadie, pues ella tiene la misión de hacer avanzar la ciencia y de alentar los descubrimientos”.
Hahnemann trabaja hasta el fin de sus días, curando pacientes y formando discípulos.

Fallece el 2 de julio de 1843 y es enterrado en el cementerio de Père Lachaise dónde se erige un monumento en su memoria en el año 1900. Hahnemann había ideado una inscripción para ese momento y ese lugar: Non Inutilis Vixis: No he vivido en vano.

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