Casos clínicos

Primer caso

Paula P., de 42 años, llega a consulta con un tabaquismo de 25 años de evolución.

Fuma 20 cigarrillos diarios.

Es docente y desde hace 5 años presenta una tos crónica, principalmente matinal, acompañada de una flema blanquecina que a veces se transforma en amarillenta.

Consultó con el médico clínico de su prepaga quien realizó los estudios pertinentes. Al no hallar signología patológica indicó tratamiento sintomático y disminución del tabaquismo.
Paula llega a la consulta homeopática luego de haber intentado en reiteradas oportunidades dejar el cigarrillo, volviendo al hábito tabáquico a los pocos días.

Como antecedentes personales refiere anginas a repetición, cirugía de apéndice en la adolescencia y algunos episodios de infección urinaria durante su vida adulta.

Paula es ansiosa, de alimentación desordenada y exigente consigo misma y con los demás.

Cuando cursaba el profesorado se ponía extremadamente nerviosa antes de los exámenes, llegando a tener insomnio y diarrea en los días previos.

Aún le pasa, cuando tiene que afrontar situaciones que la ponen a prueba.

Fuera de estos momentos, duerme bastante bien y sueña con frecuencia que se le caen los dientes.

Le gustan los animales y los lugares altos le dan vértigo. Vive sola. Es separada y no volvió a formar pareja estable.

Sus menstruaciones son copiosas y sumamente dolorosas en los dos primeros días, respondiendo parcialmente a los analgésicos comunes.

Luego de tomar la medicación homeopática indicada, Paula vuelve a consulta a los 50 días. Refiere estar menos ansiosa y con más energía.

Después de comer busca compulsivamente el cigarrillo, aunque, se sorprende, pudo dejar los que fumaba a la mañana, antes de ir a trabajar.

Tuvo dos menstruaciones indoloras: “ni las registré”.

Se medica nuevamente y se cita a los dos meses.

En la consulta siguiente Paula refiere haber cursado una angina roja que se resolvió sin precisar medicación, de acuerdo a las indicaciones dadas previamente. Se despierta de buen humor y está pautando su alimentación de manera más saludable.

Se propuso fumar solo 10 cigarrillos por día y lo está cumpliendo.

Se indica medicación homeopática y Paula vuelve a consulta a los dos meses. Refiere sentirse bien de ánimo.

Tuvo una entrevista laboral sin insomnio ni diarrea en los días previos. Las menstruaciones se mantiene indoloras. Empezó a sentir rechazo al olor del cigarrillo. Fuma 2 ó 3 por día, después de la cena.

Se cita en cuatro meses para control.

 Segundo caso

Alberto S., de 49 años, comerciante, casado, con dos hijos y un nieto, llega a consulta refiriendo una cefalea crónica de quince años de evolución, que no mejora con el tratamiento analgésico habitual indicado por el médico clínico y el neurólogo.

La cefalea es principalmente frontal aunque puede ocupar el resto de la cabeza, si se extiende en el tiempo. Se presenta habitualmente de noche, acompañada de náuseas y mejora con el vómito, muchas veces autoprovocado por el paciente.

Como antecedentes personales refiere hipertensión en tratamiento con vasodilatadores y diuréticos en dosis crecientes y acidez gástrica posterior a ingestas copiosas. De chico era asmático, situación que desapareció comenzada la adolescencia.

Alberto es impulsivo, autoritario y de reacciones violentas. Adicto al trabajo, no descansa aún estando de vacaciones. Gusta de los picantes, del café y del alcohol. Es friolento y sufre el cambio de clima y las corrientes de aire. Tiene un sueño inquieto, con sobresaltos.

Se le realiza el examen físico correspondiente, se solicita un chequeo completo y se medica homeopáticamente con el remedio acorde a su totalidad sintomática.

En la segunda consulta Alberto refiere no haber notado cambios a partir de la toma de la medicación. Trae los estudios complementarios solicitados surgiendo un leve aumento de los niveles de colesterol en sangre. Se la indica pautar la dieta, realizar actividad física y la medicación homeopática adecuada para profundizar el tratamiento.

Alberto vuelve a consulta a los dos meses. Refiere nuevamente no haber notado cambios en la sintomatología. Tuvo un cuadro bronquial leve que revirtió con nebulizaciones y reposo. La tensión arterial se encuentra estable, las cefaleas persisten.

Se medica teniendo en cuenta el cuadro y se cita en dos meses.

En la cuarta consulta Alberto comenta haber tenido una agravación luego de la última toma. Se despertaba malhumorado y discutía más de lo habitual. Esta situación, que duró tres días, estuvo acompañada de una gastroenterocolitis con vómitos y diarreas malolientes, sin cefalea. A continuación comenzó a sentirse mejor, con más energía. El sueño se tornó reparador y sin sobresaltos. La presión continuaba estable. Las cefaleas se espaciaron.

En la siguiente consulta comenta que se siente cambiado y que las demás personas también lo notan: “más tranquilo, menos calentón”, refiere. Le recomendó a su esposa comenzar un tratamiento homeopático debido un trastorno ginecológico que ella padece. Las cefaleas se espaciaron notablemente. Trae un nuevo laboratorio con una disminución de los niveles de colesterol en sangre. Se medica nuevamente, profundizando el tratamiento.

En las consultas siguientes, Alberto muestra su conformidad con el tratamiento al habérsele reducido notoriamente su cefalea crónica. Se siente mejor de ánimo, disminuyendo su enojo y agresividad. Frente a los registros estables de tensión arterial, el cardiólogo decidió retirarle el diurético. Su esposa y su hija comenzaron un tratamiento homeopático.

Tercer caso

Marta R. concurre a consulta buscando respuesta terapéutica a un cuadro de alergia crónica. Éste se manifiesta con resfríos y sinusitis alérgica a repetición (principalmente durante los cambios de clima) y una dermatitis atópica que le produce picazón en piel y enrojecimiento.

Marta tiene 65 años, está casada hace 40 años y tiene 2 hijos y 3 nietos.

Como antecedentes patológicos cuenta con várices en ambos miembros inferiores en tratamiento con venotónicos, dolor articular en manos y rodillas y una contractura cervical de larga data en tratamiento con kinesiología. En la infancia fue operada de amígdalas.

Marta refiere que sus síntomas alérgicos comenzaron hace 30 años habiendo recurrido desde entonces a especialistas que le indicaron autovacunas y tratamientos con corticoides, difenhidramina y loratadina, sin encontrar el resultado esperado. Realiza una dieta hipoalergénica evitando el pescado, la frutilla, el chocolate, las cremas, el huevo, los fritos y las naranjas.

Al consultársele sobre los desencadenantes de los episodios, Marta señala a los cambios de clima y el polvillo ambiental como responsables de cada acceso.

Luego relata que el comienzo de estos episodios se produjo después del fallecimiento de la madre, con quién la unía una estrecha relación, refiriendo el dolor que le produjo aquella pérdida, de la que, aún 30 años después, le cuesta reponerse. Recuerda a su madre vívidamente y muchas veces sueña con ella.

Marta se define como afectuosa, tímida y retraída. Es muy sensible, de llanto fácil y ama a los animales. Le tiene miedo a la sangre y a quedarse sola. No transpira ni en verano ni en invierno y sus menstruaciones eran precedidas por dos o tres días de una marcada irritabilidad.

Se medica con el remedio homeopático acorde a los síntomas relatados y se cita en dos meses.
Marta vuelve a consulta a los seis meses. Refiere haber estado muy bien luego de la toma de la medicación. Los síntomas alérgicos, tanto respiratorios como en piel, habían disminuido notoriamente.

Se sentía bien de ánimo y con más integridad. Menos llorona y menos vulnerable. Pospuso varias veces la consulta homeopática debido a la clara mejoría percibida. Los dolores articulares se habían mantenido estables, al igual que las várices.

Marta es medicada con una nueva toma de remedio homeopático.

A los cuatro meses vuelve a consulta relatando una reducción casi total de los episodios alérgicos, con neta mejoría de los dolores articulares. Refiere haber tenido episodios de transpiración ocasional, algo sumamente raro en ella. De ánimo; bien.

Se medica nuevamente.

A los tres meses concurre comentando que abandonó la dieta hipoalergénica y aún así no tuvo accesos. Se siente con más energía y duerme mejor. Su familia la nota cambiada, más animada y menos quejosa.

En las sucesivas consultas, Marta se mantiene estable, refiriendo un paulatino descenso de los dolores articulares y la contractura cervical.

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